Entrevista CNN en Español - Economía y felicidad

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El 14.4.15 a las 23:08 hs por Gabriel Foglia

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Lunes 13 de Abril de 2015

Cerdos y gallinas

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El 7.4.15 a las 11:17 hs por Gabriel Foglia

Visitando a mi abuela, encontré en su casa un diploma en el que autoridades y compañeros de trabajo de mi abuelo lo felicitan por no haber faltado un solo día en 25 años.

En el transcurso de las últimas dos semanas -es decir, 14 días-  solo tuvimos 5 laborables: los demás se dividen entre fines de semana, feriados (Semana Santa y Día de la Memoria), días puente y paro. Sin embargo, nadie parece muy afectado por el hecho de que cada vez se trabaje menos. Menos significa menos en todo sentido: menos días laborables, menos personas realizando trabajos en el sector productivo, menos carga horaria, etc.

A veces tengo la impresión de que nos vamos acostumbrando a trabajar cada vez menos,  existe toda una corriente de pensamiento que va en ese sentido: mezclar trabajo y diversión, horario flexible, balance entre vida laboral y personal, etc. Incluso los gurúes de la felicidad indican que trabajar menos incrementa la felicidad. En síntesis, la idea general sería que hay que trabajar sin que parezca que estamos trabajando. A esto le debemos sumar la cantidad de distracciones electrónicas que nos impiden poner nuestro foco en una sola cosa durante un lapso medianamente prolongado (facebook, whatsapp, twitter, sitios de noticias, etc.).

El grado de compromiso en nuestras relaciones, ya sea con nuestro trabajo, familia, amigos, estudios, entre otros, es cada vez menor. Nuestro único y principal compromiso es con nosotros mismos, es decir, con nuestros objetivos e intereses personales. Para el resto de las actividades, estamos a lo sumo involucrados.

Es conocida la fábula que cuenta la diferencia entre el cerdo y la gallina a la hora del desayuno: el cerdo está comprometido -se sacrifica para que podamos comer jamón- mientras que la gallina está involucrada -nos provee los huevos-. La diferencia entre compromiso e involucramiento es que el primero implica poner la vida en algo (como el chanchito). La conclusión fácil sería decir que necesitamos más cerdos y menos gallinas. Sin embargo, considero que estar extremadamente comprometido tampoco es positivo (el cerdo es el caso extremo, pero paradójicamente los casos de síndrome de burnout  o estrés laboral son cada vez más comunes).

No tuve la chance de preguntarle a mi abuelo qué lo llevó a ir a trabajar durante 25 años todos los días a las 5 de la mañana a un frigorífico. Pero puedo imaginar su respuesta: “es lo que tenía que hacer”. Creo que ese es su mejor mensaje en estos días de bajo compromiso, muchas distracciones y productividad decreciente. Es mi deseo que el péndulo vuelva al centro y empecemos a hacer lo que hay que hacer para volver a ser un país pujante.  Sin excusas.

Los desafíos de la exponencialidad

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El 6.11.14 a las 16:05 hs por Gabriel Foglia



Singularity University, la “Universidad de la Singularidad” que funciona en la NASA, es reconocida en todo el planeta por su enfoque innovador sobre los últimos avances tecnológicos y sus posibles aplicaciones para afrontar los grandes desafíos del futuro.

La charla que la Universidad dio en Argentina transitaba los carriles “normales” sobre los efectos de la tecnología y los desafíos de la humanidad hasta que una frase llegó al corazón de los asistentes. “En 15 años, el 46% de los empleos que hoy conocemos desparecerá”, dijo uno de los disertantes.

Las preguntas no tardaron en multiplicarse. “¿Qué harán los gobiernos para evitar que la gente pierda el empleo?” “¿Cómo se puede prevenir que las empresas despidan a las personas?”

Cuando el ejemplo que se utiliza para demostrar el efecto de la tecnología en los negocios es el archiconocido “Kodak”, nadie se siente afectado. Cuando los protagonistas somos todos nosotros, la cosa cambia.



La imagen típica de un robot reemplazando una persona es la que construimos en las películas de ciencia ficción de los años ochenta. R2-D2 y C-3PO de la Guerra de las Galaxias no parecían una amenaza para nuestro futuro. Luego, nos acostumbramos a ver robots en las fábricas realizando trabajos repetitivos. Hoy, la realidad es más compleja.

Los avances en inteligencia artificial y robótica han permitido el desarrollo de vehículos autotripulados, sistemas de diagnóstico de enfermedades mucho más precisos, métodos de análisis financiero y económico más completos que los elaborados por seres humanos, entre otros avances. La velocidad con que se producen estos cambios es vertiginosa y los efectos de las reglas con las que funciona la tecnología (mayor velocidad y capacidad de procesamiento a menor costo en intervalos rápidos) están impactando sobre muchos aspectos de la vida.

Parece ciencia ficción hoy, pero el día en que un robot-odontólogo pueda realizar tratamientos no está muy lejos. Una vez que eso sea posible y al robot lo afecten las reglas de la tecnología (cada vez mejor y más barato), ¿quién va a querer visitar un humano-odontólogo? Lo mismo aplica a cientos de otras actividades como, por ejemplo, conducir un camión o un avión. Los robots no sufren stress, no piden aumentos salariales y su único objetivo es cumplir una función.

Hace algunos años quienes estaban bajo amenaza eran las personas que hacían trabajos manuales en las fábricas, los empleados de las agencias de viajes y los cajeros de los bancos. Hoy, los afectados son muchos más: médicos, analistas financieros, taxistas y camioneros, contadores, abogados, profesores, soldados, bomberos, etc.

Volviendo a la charla de Singularity, las respuestas a las insistentes preguntas sobre el futuro del mundo del trabajo pueden resumirse en una frase: “Todavía no lo sabemos”. Todos estos cambios se están produciendo porque vivimos en una era de abundancia. No existen límites finitos para nuestra capacidad de innovar y crear. Las computadoras son cada vez más poderosas y baratas, la conectividad es cada día mayor y más rápida, los recursos económicos fluyen con facilidad entre regiones y países. En el mundo de la abundancia la regla es una sola: la adaptación constante.

Llevar estas ideas a nuestro país parece difícil. Nuestro “cableado mental” está preparado para funcionar en “modo crisis permanente”. Esto nos conduce siempre a actuar en el cortísimo plazo, en el que todos los juegos son de suma cero (todo lo que gano es porque se lo quito a mi oponente). Este modo no nos permite pensar en el mediano y largo plazo, que es la clave para crear soluciones innovadoras. Por eso actuamos de una manera tan defensiva ante los desafíos planteados previamente.

Los robots y los sistemas inteligentes seguirán transformando el mundo en que vivimos en los próximos años. Suena amenazante, pero lo mismo deben haber sentido los agricultores en medio de la revolución industrial. Las personas, las organizaciones y los países deberían estar pensando cómo adaptarse para tomar posiciones de valor en este futuro que cada vez es más presente.

¿Messi + 10 = campeonato mundial de fútbol?

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El 12.2.14 a las 11:45 hs por Gabriel Foglia



¿Tiene lógica este razonamiento? ¿Es trasladable al mundo de las empresas? ¿Por dónde se comienza el camino al éxito? ¿Por la gente? ¿Por la estrategia?

El mundo del deporte nos brinda ejemplos de líderes que, en apariencia, lograron el éxito por si mismos en juegos colectivos: Diego Maradona, Michael Jordan, Lebron James, Cristiano Ronaldo, Lionel Messi, entre otros. Poco se debate sobre los sistemas que han permitido a estos deportistas brillar al límite de sus posibilidades. Resulta más interesante destacar determinadas jugadas donde las superestrellas marcan la diferencia, que la estrategia y táctica llevada adelante por todo el equipo para lograr el triunfo.

En el otro extremo, hay quienes ponen todo el énfasis en la estrategia, considerando a los jugadores meras piezas de un gran sistema preparado para el triunfo. Esto implica no sólo la forma en la que se plantea un determinado partido, sino el proceso de armado del equipo desde el momento cero (búsqueda de los jugadores y generación de una identidad). Esta forma de ver el mundo del deporte ha generado toda una legión de entrenadores-estrella. Algunos ejemplos: José Mourinho, Pep Guardiola, Pat Riley, Fabio Capello, Phil Jackson, entre otros.

Yendo un poco más al extremo, existen teorías que ponen el foco sobre la institución más allá de las personas. Se considera que la cultura organizacional (historia, tradición, forma de gestión, valores) de determinados clubes es la clave del éxito o fracaso más allá de los entrenadores o los jugadores. Ejemplos: Real Madrid o Velez Sarsfield (como caso positivo), New York Knicks (caso negativo).

Algo similar ocurre en el mundo de las empresas: hay quienes toman la estrategia como principal motivo del éxito o fracaso de una empresa, y hay quienes consideran que las personas (el líder y su equipo) tienen mayor preponderancia.

Como casi siempre, la respuesta está en los grises. La alineación de los 3 factores (cultura organizacional, estrategia y equipo) es fundamental para lograr los objetivos propuestos. El mejor equipo sin una buena estrategia o la cultura organizacional apropiada tiene bajas chances de éxito, al igual que la mejor estrategia competitiva implementada sin los “jugadores” adecuados.

Este círculo virtuoso (o vicioso, dependiendo del caso) es muy difícil de generar o revertir, especialmente a medida que la organización va tomando mayor dimensión con el paso del tiempo. A esto debemos sumar el ambiente donde se desarrollan los acontecimientos (entorno económico, social, cultural, competencia, gustos de los consumidores, cambio tecnológico, etc.), lo cual tiene un impacto directo sobre los resultados.

Muy pocas veces podemos ser testigos de la performance de grandes jugadores en grandes equipos de grandes organizaciones: el FC Barcelona de los últimos años, los Chicago Bulls de los años 90, Los Angeles Lakers de los años 80, Apple desde el regreso de Steve Jobs hasta su muerte, Microsoft con Bill Gates a la cabeza en los años 90. Cuando esto ocurre los resultados son sencillamente extraordinarios.

Desde el momento cero de cualquier empresa, el emprendedor está sembrando (consciente o inconscientemente) las semillas que permitirán a los futuros Messis florecer en todo su esplendor o simplemente transitar sus días. Así como no existen las casualidades ni los golpes de suerte que duren cien años, no hay manuales ni recetas. Por eso el mundo de las empresas es tan o más apasionante que el deporte.

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El 6.8.13 a las 13:18 hs por Gabriel Foglia



Cumplir 18 años solía ser el pasaje de la adolescencia a la adultez, daba la posibilidad de manejar un automóvil y, en esencia, de ser libres. Los números muestran que cada vez menos personas lo sienten así. Según datos del Departamento de Transporte de Estados Unidos, solo el 60,7% de los jóvenes de 18 años tiene licencia de conducir, comparado con el 86% en 1978, el 80,4% en 1983 y el 65,4% en 2008. Si tomamos el grupo etario de 20 a 24, los datos son evidentes: pasaron del 91,8% en 1983 a 80,9% en 2010.

¿Por qué, a pesar del crecimiento demográfico, cada vez son menos los jóvenes que quieren conducir en Estados Unidos? Esta pregunta se la hacen no sólo por los fabricantes de automóviles sino también los vendedores de seguros, combustible y comerciantes que deben establecer estrategias de localización en función de sus potenciales clientes.

Una de las causas de este fenómeno tiene que ver con la tecnología: no se pueden utilizar las redes sociales o jugar online mientras se conduce. Muchos jóvenes prefieren utilizar el transporte público y así poder continuar con sus vidas digitales mientras se movilizan de un lugar a otro. Además, la tecnología también ha disminuido la necesidad de viajar para muchas personas que pueden trabajar, estudiar o comprar productos desde sus casas.

Adquirir un automóvil estaba relacionado con dos momentos importantes en la vida de una persona: conseguir el primer empleo y formar una familia. Ambas situaciones se han extendido en el tiempo y, en muchos casos, cambiado su naturaleza (existen diversas formas de empleo no tradicional y no hay un consenso general sobre qué se considera familia). Adicionalmente, en Estados Unidos se ha observado un regreso de la población desde los suburbios hacia el centro de las ciudades. Esto ha disminuido la necesidad de tener un automóvil, al poder utilizar el transporte público o las bicisendas que cada vez tienen mayor protagonismo en el diseño urbanístico.

A eso debemos agregar el costo que conlleva tener un auto: combustible, seguros, impuestos, estacionamiento, entre otros, lo que hace prohibitivo mantenerlo a pesar de que su costo de adquisición está cada vez más al alcance de la mano. Finalmente, hay un componente simbólico que entra en acción: poseer un auto no tiene la misma connotación que tenía hace 20 o 30 años. Para los jóvenes, es un simple medio de locomoción y no conlleva un valor agregado en término de status.

¿Qué están haciendo las empresas automotrices frente a esta situación? La mayoría ha optado por incorporar más tecnología en sus vehículos para evitar que los usuarios “corten” sus vidas digitales mientras conducen. El caso extremo son los automóviles autodirigidos desarrollados por Google, que permiten que el usuario simplemente indique a dónde quiere ir y es llevado sin requerir ningún tipo de conducción humana. También existen plataformas (por ejemplo, Zipcar) que separan el uso de la propiedad del automóvil. Así, las personas pueden usarlo solo cuando lo necesitan,  con un modelo de suscripción (similar al modelo Netflix pero para transportes).

Antes el automóvil permitía ir donde uno quisiera, estar con quien uno deseara, hacer lo que uno tuviera ganas, comprar lo que uno pudiera; en esencia, ser uno mismo. Hoy, la tecnología ayuda a que uno haga todo eso sin necesitar un vehículo. Por eso las automotrices deben convencer a los jóvenes sobre los beneficios de tener un auto, antes de mostrar las ventajas de sus modelos. Por lo menos, hasta que se invente el iPhone con ruedas.

Nota anexa:

En julio de 2013 se vendieron 657.000 automóviles nuevos en Estados Unidos, casi 8 veces más que en el mismo período en la Argentina. EE UU tiene una población estimada en 314 millones de personas, mientras que Argentina tiene 41 millones aproximadamente, casi 8 veces menos. Es decir, la cantidad de automóviles per cápita vendidos en la Argentina y EE UU durante el mes pasado es muy similar.

¿Cómo es posible que proporcionalmente se venda la misma cantidad de automóviles en dos países donde uno tiene un producto bruto interno per cápita 4 veces más grande que el otro? Las diferencias en cuanto a las posibilidades de acceso a un cero kilómetro entre ambos países son sustanciales: en EE UU con una tarjeta de crédito el consumidor puede elegir y llevar el auto a su casa en el momento, el sistema de leasing está muy extendido, la oferta es muy amplia, los precios son los más bajos del mundo debido a la competencia entre las empresas. La respuesta es simple: en la Argentina, los automóviles se han convertido en herramientas de protección patrimonial frente a la inflación y en una forma de aprovechamiento de un mercado de divisas con múltiples tipos de cambio.

Diferencia entre jefe y líder

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El 1.8.13 a las 15:50 hs por Gabriel Foglia


Diginomics, el impacto de la tecnología en los negocios

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El 30.10.12 a las 16:52 hs por Gabriel Foglia

Finalmente, y luego de 3 años de arduo trabajo, hemos presentado con Patricio O´Gorman nuestro primer libro: Diginomics, el impacto de la tecnología en los negocios.
El mismo fue publicado por Pearson - UP, y ya está disponible en librerías del mundo real y virtual.
Gracias a todos los que nos ayudaron a concretar el sueño.
Abajo pueden acceder a algunos videos que muestran en qué pensamos cuando nos pusimos a escribir.
Desde ya todos los comentarios son bienvenidos, ya sea en este blog, el sitio del libro, facebook, twitter o la plataforma que elijan para comunicarse.
Esperamos les guste!